Comisiones de investigación

En los más de 40 años de democracia hemos asistido a la creación de numerosas comisiones de investigación por parte del parlamento nacional y de los parlamentos autonómicos. Ante la ocurrencia de determinados hechos —considerados lesivos para los ciudadanos—, los partidos políticos consideran necesario poner en marcha una de estas comisiones. En principio la comisión de investigación pretende conocer la realidad de lo ocurrido, analizar las causas por las que ha ocurrido, valorar si los hechos hubieran sido o no evitables y, en caso negativo, estudiar si eran inevitables en sí mismos o lo han sido por la inadecuada aplicación de las actuaciones disponibles necesarias por evitarlos. Tras esto se espera que la comisión proponga medidas que impidan la repetición de los hechos y, si ello no fuera posible, minimizar los efectos negativos observados.

Esto es lo que pensamos algunos. Pero es evidente que no es esta la forma habitual de actuar. Las comisiones de investigación, propuestas por los partidos políticos y constituidas por políticos de dichos partidos, parecen no pretender estos objetivos. Hemos podido observar hasta la saciedad que, en las distintas sesiones, lo que se pretende es erosionar al adversario político, haciéndolo responsable absoluto de los hechos, con la conocida técnica del “y tú más”. No recordamos a ninguna comisión de investigación que concluyera aclarando a la ciudadanía de forma simple lo realmente ocurrido —nótese que no recurro a la presuntuosa “la verdad”— y exponiendo de forma meridiana las medidas a adoptar en el futuro para evitar la repetición de los hechos. Y mucho menos aún que el informe final sea asumido por consenso de todos los miembros de la misma.

Viene al recuerdo la comisión de investigación del Parlamento Noruego, constituida por independientes, creada tras el asesinato por parte de un psicópata de más de 60 ciudadanos de ese país, cuya finalidad fue “establecer qué es lo que ha funcionado bien y lo que ha funcionado menos bien». En poco menos de 6 meses la comisión informó de lo sucedido, los fallos de seguridad que había detectado —flagrantes en algunas actuaciones de la policía— y las medidas que, a su juicio, se debían adoptar tanto en el cuidado de determinados enfermos mentales, como en los fallos de seguridad detectados en el funcionamiento de las fuerzas del orden.

Dada nuestra idiosincrasia, creemos que nuevas comisiones de investigación no tendrán un comportamiento muy diferente de lo visto hasta ahora. Va siendo hora de que dichas comisiones estén compuestas —de forma mayoritaria, si no exclusiva— por personalidades de reconocida independencia, honestidad y solvencia, que inspiren confianza en los ciudadanos y hagan propuestas de mejora. Otra cosa será la capacidad o no de los partidos para ponerse de acuerdo sobre quienes serían estas personalidades. Pero este es otro tema.

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