Un buen médico

Nenufar rosaDesde la década de los sesenta del pasado siglo, y en lo que llevamos de este, la medicina ha alcanzado unos niveles de eficacia desconocidos anteriormente. Los médicos, cada vez más, basan sus decisiones en datos refrendados por la investigación científica, mediante complejos ensayos clínicos que —aunque aún con un cierto nivel de incertidumbre— conceden una fiabilidad a las decisiones médicas nunca alcanzada hasta ahora.

De las tres facetas que tiene el quehacer médico —asistencial, docente e investigadora—, esta última ha crecido exponencialmente, especialmente en los hospitales, alterando a veces el delicado equilibrio con las dos primeras. Esto ha sido reconocido por los pacientes que, en las sucesivas encuestas, alaban el nivel de la calidad de la asistencia sanitaria que reciben, pero se quejan de un cierto alejamiento del profesional, de no recibir a veces la atención humana que desearían.

Este déficit, que para algún lector pudiera parecer una añoranza de tiempos pasados, ha sido reconocido por una prestigiosa sociedad científica española que ha convocado entre sus asociados unos “Premios al Médico-Médico”.

La referida sociedad, de largo recorrido en su apoyo a la investigación y docencia, ha querido estimular la faceta clínica —asistencial—de sus miembros. Para ello, en su convocatoria, especifica las características que se valorarán para la concesión del citado galardón. Sin querer ser exhaustivos —son más de 20 las cualidades que se enumeran— mencionamos las siguientes: médicos que  aprecien  positivamente  el  contacto  con  el individuo enfermo, que hayan visitado personalmente a un número importante de pacientes (decenas o centenas de miles) a lo largo de su carrera profesional, que sepan responsabilizarse a conciencia a la hora de encargarse de intentar solucionar la patología de cada enfermo, que tengan un trato profesional y amable con los pacientes, que sean queridos y bien considerados profesionalmente por éstos, que generen una gran confianza a sus pacientes, que tengan paciencia y constancia durante la visita médica, que posean una buena capacidad diagnóstica, que tengan una dedicación horaria a la labor asistencial lo más completa posible, que sean reconocidos como clínicos excelentes por los compañeros del servicio y por los otros médicos de su centro, que sean requeridos con alguna frecuencia para visitar a otros compañeros médicos, así como que sean apreciados por los residentes y compañeros de trabajo por su buen hacer asistencial.

Es evidente que esta sociedad considera conveniente potenciar la faceta asistencial de sus miembros, sin detrimento de las otras dos, para seguir manteniendo el delicado y necesario equilibrio entre las tres facetas que definen al médico.

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