Posverdad

Siempre entendimos la verdad como opuesta a la mentira. Si aceptábamos que la verdad era la conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente, la adecuación de lo que se dice con lo que se siente o se piensa, el juicio o proposición que no se puede negar racionalmente, la mentira era la expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se piensa o se siente, la no verdad.

A la hora de posicionarnos ante algo, o de tomar una decisión, solíamos analizar lo que se correspondía con la verdad, buscando hechos objetivos que la soportaran, con objeto de que nuestras posiciones o decisiones fueran correctas, cercanas a la verdad —realidad— y lejos de la mentira. Y cuando, por alguna razón, nos sentíamos abocados a mentir, lo hacíamos con la convicción de que lo que hacíamos no se ajustaba a la verdad, de que era mentira, aunque las circunstancias nos hubiesen llevado a tomar esa posición o decisión.

En los últimos tiempos la frontera entre estos conceptos antagónicos se está diluyendo. Recibimos continuamente mensajes que nos incitan a adherirnos a personas, productos o situaciones, argumentando razones que no tienen que ajustarse a la verdad, que pueden ser mentiras evidentes, pero que se consideran válidas con tal de que promuevan nuestra aceptación de lo que se nos propone.

Tal es así que los ingleses —siempre tan prestos a incorporar neologismos— han acuñado el término post-truth —posverdad— para referirse a aquellas situaciones en que “los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. Lo que importa es que el mensaje promueva adhesiones, no la veracidad del mensaje.

Han ocurrido hechos —Brexit, triunfo de Trump, etc.— donde una buena parte de la sociedad estima que ha habido una relevancia excesiva de las cuestiones emocionales, donde se ha votado más con el instinto que con la razón o la lógica.

Parece existir un gran espacio entre la verdad objetiva y la verdad sentida. Y una gran parte de la ciudadanía empieza a sentir más confianza en afirmaciones que se sienten verdad, aunque no se apoyen en la realidad.

La posverdad puede ser una mentira asumida como verdad o incluso una mentira asumida como mentira, pero reforzada como creencia, como hecho compartido en una sociedad. Y parece que la posverdad ya no es solo un arma a disposición de la clase política, sino un poderoso y descontrolado recurso a disposición de los ciudadanos.

4 comentarios en “Posverdad

  1. Estamos en un periodo político social ” turbulento” con grandes cambios socio culturales que afectan a todos los niveles y a todos los estratos sociales. Vemos y oímos manifestaciones que nos dejan ” estupefactos”. Pero creo que esto pertenece a un ciclo y como tal ciclo, vendrá otro y otro y bueno yo soy positiva y creo que estos ciclos se concatenan siguiendo una línea ascendente de bienestar para el conjunto de las sociedades y de los pueblos……..

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  2. Los ciclos en la historia se repiten, desgraciadamente, como bien sabe un cultivado en historia como tú, y todo esto recuerda peligrosamente a anteriores demagogos como el querido Hitler que provocó sucesos de consecuencias impensables en el momento. Nada resta que hacer salvo observar y rezar porque las nuevas generaciones entren en razón y no se dejen llevar en demasía por las emociones.

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  3. Me ha encantado. Creo que está muy claramente expuesto, sin posicionarse, casi con rigor científico. Me ha dado mucho que pensar.

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