La banalidad del Mal

Callistemon citrinus (1)

En occidente, durante siglos, la moral —la ética en un sentido más amplio— se ha esforzado en hacernos conocer, y por tanto diferenciar, lo que es bueno y lo que es malo. En los sistemas educativos se especificaba lo que era el Bien y el Mal, y se instaba a los educandos a practicar el primero y rechazar el segundo.

Aunque no siempre fuera así, en general estas opciones se ofrecían claramente diferenciadas, de tal manera que para el observador fuera evidente que actuaciones eran correctas —buenas— y cuales no —malas—. El Bien se expresaba dotado de elementos que lo hicieran atractivo y el Mal se presentaba como carente de cualidades que pudieran ser apetecibles.

En los últimos años asistimos a un progresivo difuminado de los límites que separan estas dos opciones éticas. A diario los medios de comunicación nos familiarizan con las actuaciones más abyectas —violaciones, decapitaciones, etc.—, convirtiéndose estos hechos en algo cotidiano. Muchas de las opciones lúdicas —videojuegos, películas, series de televisión, etc.—se encargan de ofrecernos episodios frecuentes de todo tipo de actuaciones —robos, asesinatos, estafas, etc.— en las que los que practican el Mal no solo no sufren ninguna condena, sino que incluso resultan simpáticos y atractivos.

Esta aparente normalidad del Mal ya fue denunciada, entre otros, por la filósofa H. Arendt. Hace casi 60 años esta autora, en su libro titulado Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal, nos advirtió del terrible peligro de banalizar el Mal. En su trabajo explicaba cómo algunos individuos actúan dentro de las reglas del sistema en el que están incardinados sin reflexionar sobre la bondad o maldad de sus actos. Son personas en apariencia normales —incluso a veces con aspecto bondadoso— que son capaces de realizar los más tremendos crímenes porque así está establecido o así se les ha ordenado.

Pero no debemos confundirnos. Hemos de estar vigilantes. El Mal existe, aunque con frecuencia adopte formas en apariencia inocentes.

2 comentarios en “La banalidad del Mal

  1. Sin duda el mal tiene todas las apariencias de seguir existiendo. Pero es un concepto relativo, depende del pais, de la cultura, de lo vivido y aprendido en la propia familia. Lo que un europeo entiende por fanatismo, con sus tremendas secuelas que vemos casi a diario, puede resultar sublimación plena para un radical islamista. En el estado occidental de derecho en que afortunadamente vivimos, el bien y el mal están, en cierto modo, definidos por las leyes. En caso de duda, éstas pueden ser una referencia

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  2. Interesante reflexión que comparto en Facebook. Desde que empezó la crisis vengo sosteniendo que es una crisis de valores y en estos es fundamental comenzar por hacer esa diferenciación básica.

    Un abrazo

    JDp

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