Valor de la lectura

Geranio 2Hay un acuerdo generalizado entre los educadores sobre que la mejor herramienta para enseñar y aprender es la palabra. Y es bien conocido que ésta puede ser expresada oralmente o por escrito. Por tanto, la palabra, en sus dos formas, oral y escrita, sigue siendo la manera más efectiva de transmitir conocimiento.

A pesar de ello la lectura —la adquisición de las palabras escritas— no goza de buena salud en nuestro medio. Y ello se plasma en el sistema educativo: los alumnos suelen ser reacios a su práctica y, con frecuencia, los profesores no son capaces de infundir ese hábito entre sus pupilos.

No es que no se lea. Una gran parte de la población dedica buena parte de su día a la lectura: los mensajes del teléfono móvil o la consulta de internet son prácticas habituales. Pero no sabemos si estas formas de lectura contribuyen —ni en qué medida— a aumentar el conocimiento de sus practicantes.

En los últimos años nos llegan diversas clasificaciones —una de las más conocidas es el Informe PISA— en los que se evalúan los sistemas educativos de los países. Si nos acercamos a los planes educativos de los que quedan en mejor lugar, comprobamos que la lectura ocupa un lugar preeminente en sus planes de estudio. A título de ejemplo los estudiantes japoneses empiezan leyendo una página al día de un libro de su interés y acaban en secundaria leyendo un libro por semana.

Pero esta lectura tiene apellidos. Finlandia, Singapur y Japón, entre otros, hablan de una lectura serena y reflexiva. No se trata solo de leer, sino de entender lo que se lee y reflexionar sobre lo leído.  Se trata de leer con sosiego para, tras comprender lo leído, poder posicionarse respecto del tema tratado. Es decir, cultivar la capacidad de análisis y de decisión frente a ellos.

No es un tema nuevo. En 612 ya decía san Isidoro de Sevilla en su obra Sentencias “Algunos tienen capacidad intelectual, pero descuidan el interés por la lectura y desprecian en su abandono cuanto pudieron aprender. Otros, por el contrario, tienen deseos de saber, pero se lo impide la torpeza de su inteligencia, los cuales, no obstante, por la lectura asidua llegan a entender aquello que los inteligentes no conocieron por desidia. El ingenio se desarrolla con el tiempo, si no por disposición natural, al menos por la constante lectura. Pues, aunque haya torpeza de juicio, la lectura frecuente acrece la inteligencia”.

Deberíamos reflexionar sobre cuál debe ser nuestra posición —y la del sistema educativo— frente a la lectura. La imposición de su práctica parece no funcionar. Ahora que hemos aprendido que la emoción juega un papel importante en la capacidad de aprendizaje, quizás tengamos que aprender a introducir la emoción en la lectura. Aunque no parezca tarea fácil.

6 comentarios en “Valor de la lectura

  1. Juan David Tutosaus Gómez

    De acuerdo, Eulogio. Pero en este país lo tenemos difícil. El clima no contribuye mucho al recogimiento preciso para una lectura sosegada y meditada, se prefiere estar al aire libre charlando con los amigos. El ejemplo, primero y más efectivo método de aprendizaje, tampoco es abundante; es más, con cierta dosis de ironía se viene diciendo que aquí tenemos más escritores que lectores… Y por último el sistema educativo: mientras no se llegue a un pacto de Estado con todos los partidos políticos, no habrá nada que hacer.

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  2. Nunca pongo ni pundre en duda el valor de la lectura como herramienta de aprendizaje y reflexión, pero como tú ya sabes soy más de la escuela de la experiencia y el uso como herramientas fundamentales del aprendizaje. Muchas veces la lectura por el afán de leer, amplia nuestro conocimiento pero a corto plazo, olvidando rápidamente lo aprendido. Vive más y lee menos 😉

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  3. Muy de acuerdo también… Yo achaco ante todo el problema a los profesores y a la obligación e imposición de la lectura de ciertas obras en la enseñanza obligatoria.

    Bien es cierto que hay obras que deberían ser leídas por todos los españoles (¡Arriba Don Quijote!)… pero muchos de los docentes instan a los jóvenes a lecturas complicadas, muchas de ellas de textos que no se adaptan a la edad de estos niños.

    Yo misma me vi en la obligación de leer la obra Platero y yo, sin adaptación, a la edad de 12 años, ni siquiera habiendo terminado la primaria… ¿qué podríamos esperar que hiciese esa niña? … Pienso que hay edades y lecturas… Qué distinto fue cuando mi primera profesora de la ESO daba vía libre, y recomendaciones, en clase, personalizadas, lecturas para que cada uno se interesase en los temas que más le gustaban.
    … Ni qué decir tiene que esa niña de la ESO siguió leyendo y hoy en día ya la conoces, tragalibros e historiadora… La obligación hacia la lectura que se impone desde la enseñanza obligatoria es, mi opinión, causante de gran parte de todo esto…

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  4. Es posible que sea correcta la referencia del primer párrafo al acuerdo generalizado entre los educadores sobre que la palabra (oral o escrita) es la mejor manera de transmitir conocinientos. Lo que dudo es que se sostenga en el mundo actual mediatizado por la imagen. Los medios audiovisuales están presentes, cada día con más fuerza, en colegios, institutos, universidades, conferencias…. La revolución audiovisual/cibernética le está ganando la batalla a la palabra oral o escrita. Es un hecho incontrovertible y aun es pronto para saber si es para mejor o si habrá que volver a San Isidoro.
    Conozco muchos lectores habituales, gente ya mayor, entre los que me encuentro, que, inconscientemente, han ido dejando a un lado el libro y se han convertido en televidentes o en consumidres de internet via tablet o móvil. Ya casi no es necesario comprar el periódico, está todo, o están todos, en la RED. Sin embargo, la última Feria del Libro del Retiro madrileño parece haber ido muy bien. Buena noticia.

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    • A mi juicio no se trata tanto de donde leer (tableta, ordenador, papel, etc.) sino en qué leer y cómo leerlo. En mi articulo hablo de lectura serena y reflexiva, y para ello se necesita una aptitud y una actitud determinada. Gracias por leerme.

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  5. A mi juicio no es tanto donde leer (tableta, ordenador, papel, etc.) sino qué leer y cómo leer lo que leemos. Como ves en mi articulo hablo de lectura serena y reflexiva y esta necesita una aptitud y una actitud determinada.

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