Persuasión en política

Marina. Isla Cristina (20)

Una de las actividades más importantes de los que se dedican a la política es intentar convencer a los ciudadanos —persuadirlos— de que él y su programa de actuación son las mejores opciones y que, por lo tanto, merecen su voto.

Tradicionalmente, y de acuerdo con la ciencia de la retórica aristotélica, la persuasión se basaba en tres pilares: la autoridad moral del que hablaba (el ethos); las evidencias que constituían el sustento material de los argumentos que se exponían (el logos), y el pathos, que era la emoción que se daba al discurso para llegar a los sentimientos de la audiencia.

Hasta no hace mucho los políticos, para persuadir a sus conciudadanos, solían hacer uso de estos tres pilares, que existían en mayor o menor medida en éllos y en su discurso, con los que pretendían ganar el favor de los votantes.

En los tiempos que corren estos pilares han sido ampliamente subvertidos, suprimiendo unos y potenciando otros. Los que hablan, con frecuencia, carecen de autoridad moral para hacerlo: están sujetos a la sospecha de actividades ilícitas o claramente implicados en ellas. La evidencia ha sido sustituida en numerosas ocasiones por mentiras —postverdad la llaman algunos, fakenews otros— que se propagan por los modernos sistemas de comunicación con tal rapidez e intensidad que se hace difícil diferenciarlas de la verdad. El recurso a las emociones, al pathos, que aparece en último lugar como refuerzo de los dos primeros pilares, se ha convertido en la única fuente de legitimidad.

En toda Europa ganan terreno los populismos, los que no se basan en el ethos ni en el logos, sino solo en el sentimiento, en la emoción, en el pathos. Los ciudadanos están más predispuestos a la pasión que al análisis, y aceptan entusiasmados las mentiras que les cuentan. Abrazan emocionados las promesas que saben que no es posible cumplir, o que en caso de que se cumplan acarrearán males mayores que los que se trata de corregir.

Adquirir autoridad moral es difícil, y mantenerla aún más. Utilizar argumentos sólidos, basados en la verdad, es cada vez más escaso y —al parecer— innecesario. Parece que la actividad política va a quedar reducida solo a estimular emociones. Y éstas, si bien son necesarias, constituyen la faceta más manipulable del proceso de persuasión.

7 comentarios en “Persuasión en política

  1. ¿Y por qué permitimos que sólo “nos pongan de su parte” sólo con la emoción? Hablando en plata: porque la masa es tonta. Somos tontos y no nos importa. Nos vende (y nos compra) más una cara bonita o unas buenas intenciones antes que unos hechos…

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  2. Copio de otro bloguero al que también sigo esta cita que, creo, tiene que ver con lo que comentas en esta entrada de tu blog, aunque desde un punto de vista distinto, tal vez más heterodoxo:
    El filósofo vasco Patxi Lanceros ha escrito un libro, El robo del futuro (Los libros de la catarata, 2017), que debería ser de lectura obligatoria para cuantas personas aspiren a gestionar la realidad política, o a interpretarla. “La sociedad –recuerda Patxi Lanceros- es irrepresentable como unidad porque carece de ella. O sólo se presenta como unidad cuando se vuelcan sobre ella los criterios, que en principio le son ajenos, del pueblo o de la nación. […] la sociedad desborda cualquier límite. Hoy la sociedad, relación y comunicación, salta cualquier barrera. Y es esa sociedad indócil, fascinante y conflictiva lo que hay que representar. Sin poder esperar, cabalmente, éxito en la empresa”. De ahí su conclusión: “El reto (y el riesgo) de las instituciones democráticas, que han de adaptar cada vez más y cada vez de forma más acelerada a una sociedad crecientemente compleja, consiste en, precisamente, representar lo irrepresentable. Es decir, reciclar y procesar las ficciones de (la) unidad, las nostalgias de (la) homogeneidad”.

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  3. Salvador Rodriguez

    En este maremágnum de opiniones, una como está siempre se agradece. Estupendo, enhorabuena. Besos

    Salvador Rodríguez-Becerra

    Catedrático

    Universidad de Sevilla

    +34-954512241

    https://us.academia.edu/SalvadorRodr%C3%ADguezBecerra

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  4. ¡Amén! Irreprochable y “persuasivo” resumen de la situación actual, aquí y allá

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  5. Salvador Rodriguez

    Lo he remitido a los colegas de la tertulia

    Salvador Rodríguez-Becerra

    Catedrático

    Universidad de Sevilla

    +34-954512241

    https://us.academia.edu/SalvadorRodr%C3%ADguezBecerra

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  6. Muy oportuna y certera reflexión. Se refleja en las encuestas: los políticos de nuestro país es el colectivo peor valorado. Pero de aquí se deriva al desprecio de los mismos, a su generalización y… Al vacío. Es el caldo de cultivo perfecto para que surja un mesías populista que basándose en esa movilización de las emociones lleve a la masa popular al abismo…

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  7. Excelente revisión. Creo que el comportamiento de la sociedad es cíclico. Así a momentos de mayor “racionalidad” siguen momentos de oscurantismo y “locura colectiva”. Basta ver la historia reciente de nuestro país y de otras democracias para darse cuenta de que han habido aceptables decisiones políticas por parte de los ciudadanos en términos de su elección de voto, a las que han seguido elección de opciones populistas (que en definitiva sean de extrema izquierda o derecha, tienen visiones y consecuencia muy similares) . Estas opciones han surgido, en ocasiones como refugio de sentimientos de miedo (reales o inventados), aceptación de ilusiones, promesas imposibles de cumplir, engaño de la posibilidad de una vida fácil subvencionada sin esfuerzo, o bien, como actualmente sucede en alguna región/regiones de nuestro país, simplemente consecuencia de sentimientos profundos de supremacismo, superioridad, cuando no de xenofobia. Estos sentimientos de supremacismo se han repetido a lo largo de los siglos en la mayoría de estados.
    Las consecuencias de la mala elección o surgimiento de líderes y opciones políticas “equivocadas” siempre han sido las mismas: desunión , inestabilidad económica y social y finalmente guerra. Siempre se ha repetido , y siempre lo hará, porque la humanidad parece ha evolucionado positivamente sólo en conocimiento científico-técnico y no en racionalidad o humanismo. Esta última evolución es cíclica con mínimos avances respecto a la posición anterior. Así, a momentos históricos de luces y esplendor, tolerancia y universalidad, siempre siguen momentos de sombras, retroceso, oscurantismo y la vuelta a la “tribu” y a la caverna, situación a la que parece estamos abocados actualmente…….(esperemos que no).

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