Navidad en el siglo XXI

Flor de la pasion. Passiflora

La Navidad es una fiesta típicamente cristiana que se ha venido celebrando en los países occidentales desde hace varios siglos. Los historiadores nos informan de que había una fiesta pagana por esas fechas, que la Iglesia sacralizó convirtiéndola en la conmemoración del nacimiento de Jesucristo, que para las concepciones cristianas es el hijo de Dios.

La conmemoración tuvo siempre un doble componente. Por un lado, había actos religiosos vinculados a la fecha, y por otro se celebraba una fiesta, primero privada —familiar—, y luego pública, de formato diverso según los países, pero siempre de claro contenido lúdico

En Occidente, el aspecto religioso de la celebración ha ido perdiendo peso a favor del componente festivo. Parece evidente que el mundo occidental viene experimentando un lento proceso de laicización, donde el significado original de la Navidad se va diluyendo, cuando no deliberadamente ignorando.

A la par que se produce este proceso, y fruto de la globalización, algunos pueblos de otras culturas —chinos, japoneses, algunos países africanos, por no mencionar más que algunos—están incorporando la fiesta de la Navidad, aunque sin el componente religioso que lo sustenta. Así, en estos días, muchas de sus calles se adornan con luces, se hacen regalos, e incluso incorporan al aséptico —y publicitario—señor de rojo llamado Papá Noel.

Nuestro país no es ajeno a este proceso. A la inercia secularizadora —pasiva—, se ha unido en los últimos años un activo proceso por parte de algunas instancias. Centros en los que no se autoriza a montar un belén, ayuntamientos que ya no instalan portales, sustitución de las imágenes alegóricas en los adornos navideños por motivos geométricos, etc., son algunas muestras de esta tendencia. Incluso hay algún movimiento ciudadano que directamente propone cambiar el nombre a la festividad y sustituirla por otro laico, tal como Fiesta del Solsticio de Invierno.

No sabemos cómo esta aparente contradicción —celebrar el nacimiento de Jesús sin Jesús— acabará resolviéndose. La tendencia es al sincretismo. Probablemente Navidad sin Natividad será la propuesta ganadora.

4 comentarios en “Navidad en el siglo XXI

  1. No, por Dios; “Fiestas del solsticio de invieron” y yo me cambio de país!

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  2. La nueva religión es el consumismo, a esta nadie le pone trabas, es más cada vez la sociedad se adapta más y más, incluyendo la navidad. La religión siempre ha sido de dudosa moral, y desde luego ha hecho mucho daño, pero forma parte de nuestra cultura, y lo queramos o no estamos en un país cristiano aunque queramos llamarlo laico, yo creo que aún queda mucho para que sea laico, aunque cada vez menos. Lo que no hace falta desde luego es llamar a la navidad “celebración con el nombre que a mi me apetece ponerle”, y desde luego pierde totalmente el sentido. Dejémoslo estar, que las tradiciones son eso, tradiciones, y aunque hayan perdido los valores morales originales, los culturales prevalecen.

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  3. El laicismo rampante cuando llega al poder, sea municipal, autonómico o nacional, intenta imponernos su filosofía como una muestra más de la negación furibunda de lo que es la Religion. De ahí esas propuestas extravagantes de “Fiestas del solsticio de invierno” cabalgatas de “magos” (sin reyes) y demás. Para estos personajes, existencialistas irredentos que niegan todo lo que suponga Trascendencia, si alguien no comparte este credo es considerado un memo o un descerebrado. No me quejo por ello; que cada cual piense lo que quiera, faltaba más. Lo que me subleva es que, estos que se consideran por lo general los guardianes de las esencias de la Democracia, nos intenten llevar a su rivera, nos guste o no, en un ejercicio de absoluto despreció por otras formas de pensar y de creer y si como dije al principio llegan al poder, no les tiembla el pulso a la hora de cargarse de un plumazo siglos de tradiciones.

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  4. Excelente descripción de la Navidad, su evolución y su situación actual, con la deriva, cada vez más seria, hacia el laicismo verbenero de la progresía que gobierna en determinados sitios y a quien, como bien apunta el último comentarista, “no le tiembla el pulso a la hora de cargarse de un plumazo siglos de tradiciones”. En mi caso, con un horizonte limitado de Navidades por delante, seguiré disfrutando de la tradición familiar y, si se tercia, cantando algún que otro villancico.

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