Después de la posverdad

Villanueva de los Castillejos. Huelva. Pilar abrevadero

Hace nueve meses publicamos un artículo titulado Posverdad en el que planteábamos, entre otras cosas, la frecuencia con la que se publicaban noticias que, no importaba si eran verdaderas o falsas, eran creídas por numerosos ciudadanos porque su contenido se adaptaba a sus deseos, porque la sentían como verdad. Y concluíamos que la posverdad ya no era solo un arma a disposición de la clase política, sino un poderoso y descontrolado recurso a disposición de los ciudadanos.

Mucho ha llovido en este tema desde entonces. El descubrimiento de la publicación de numerosas mentiras, difundidas por millones de emisores falsos en la campaña electoral en USA, parece fuera de toda duda. Se ha planteado con fuerza la posibilidad de que esas mentiras hayan sido difundidas desde fuentes rusas, a través de las redes sociales, mediante la utilización de robots —boots y trolls—informáticos que captan ilegalmente direcciones y emiten contenidos falsos.

Con motivo de los recientes acontecimientos en Cataluña se ha argumentado también la posibilidad de intervenciones ilegítimas de las referidas fuentes rusas —o de otro origen—, hasta el punto que se ha motivado una queja de la propia Unión Europea, llegándose a pedir a la OTAN su intervención para frenar estas actuaciones desestabilizadoras.

Pero no solamente en Europa hay preocupación. El Congreso norteamericano ha convocado e interrogado a los responsables de las redes sociales Facebook, Twiter, Instagram y otras, acerca de la existencia de esta actividad— que no debemos olvidar consiste en divulgar noticias falsas a través de las redes sociales— planteándoles qué se puede hacer para disminuir o anular esta actividad.

Los lectores de periódicos en papel —no sé si en los digitales también— se habrán visto sorprendidos por la publicación de un anuncio, a toda página, por parte de Facebook, en la que se dan numerosos consejos para identificar noticias falsas en dicha red. En su decálogo se invita a sus usuarios a no confiar en los titulares, verificar las fuentes, revisar las fechas, comprobar los hechos, etc. antes de creerse la noticia y, por supuesto, antes de reenviarla.

Los medios tradicionales de difusión de noticias en los países democráticos tenían sus propios códigos éticos y, aunque no siempre, cumplían estas funciones de control por el ciudadano. Ahora, cuando cada ciudadano —y vemos que ni siquiera personas, sino robots automatizados— se ha convertido en un emisor de noticias, conocer la verdad se complica. Las empresas que gestionan estos flujos informativos manifiestan su incapacidad y nos invitan a que seamos nosotros los que, si queremos saber la verdad, hagamos el esfuerzo para separar el grano de la paja.

Labor ingente la que se nos encomienda. Pero es necesario acometerla si queremos seguir siendo personas libres. Es mucho lo que nos jugamos.

4 comentarios en “Después de la posverdad

  1. Muy oportuno. Lo difundo por Fb y Tw.
    La foto también me gusta, con ese estudio de líneas.

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  2. Que horror. O sea qué lo que dice mi Puigdemont desde Bélgica lo puede escribir un ROBOT. No es posible. O lo que es lo mismo : ES IMPOSIBLE.
    Un ROBOT no puede escribir una cosa y la contraria. Y este pelado donde se le ve la frente. Tampoco es real?.Que desilución. Bueno y dejando ironias o siguiendo con las mismas la mejor arma para luchar con estas ” fake news” podria ser por ejemplo, no leer y participar en estas famosas redes sociales, leer y oir pocos medios y escogidos y opiniones de politicos ningunas y así evitamos ser los guardianes de esa supuesta veracidad tan cuestionada.
    Y el que quiera más información que se la juegue y la trabaje.

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  3. Habrá que volver de nuevo a la información escrita en medios convencionales como periódicos, revistas y libros, donde lo que se vierte allí está controlado su veracidad y si se comprueba su falsedad es castigado, pues los autores de dicha información son perfectamente identificables y su engaño les supone la sanción económica, la pérdida de su prestigio e incluso de su puesto de trabajo

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  4. Si añadimos a esto la generación de personas por ordenador como si fueran reales que se está utilizando actualmente en las películas de Hollywood y en la que cada vez es más difícil distinguir un actor real de uno infográfico, pues eso, que se va a hacer muy complejo discernir las noticias reales de las falsas. En un futuro no muy lejano podríamos tener candidatos a la presidencia con gran apoyo por parte de las redes sociales y ser todo ficticio, generado por ordenador. Sobre todo en países de dudosa democracia.

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