El valor de lo SIN

Flor lila

No se si recordarán de que les escribo. Hasta hace pocos años la publicidad nos inundaba con mensajes en que lo predominante eran los añadidos a los diversos productos que se nos ofrecían.

Los productos en su estado natural —leche, zumos de frutas, pan, etc.—, las conservas, así como otros productos mas sofisticados como los cosméticos, parece que no tenían valor por si mismos —o su valor era menor—y para potenciarlos, para hacerlos mas necesarios, apetecibles o apetitosos había que añadirles diversas sustancias.

La lecha tenia que llevar sustancias ajenas a su composición —calcio añadido, omega tres, etc.—, los zumos debían tener azúcar y las conservas toda una compleja lista de sustancias químicas que hubo que organizar con letras y números —los conocidos E-000—. Y que decir de los productos de cosmética. Estos se llevaban la palma con la adición de sofisticados componentes cuyo significado y valor nos estaba vedado a la mayoría de los mortales: así aceites de plantas nunca oídas, sustancias químicas desconocidas, supuestos componentes celulares, o extractos de arboles y plantas exóticas eran necesarios para hacer más eficaz el producto.

Era el tiempo del CON. Y los diferentes añadidos se resaltaban en los envases, no con la intención de informar de su contenido —ya que algunos se ocultaban en la letra pequeña— sino para glosar las bondades del producto.

El tiempo —una o dos décadas han sido suficientes, ahora todo va muy deprisa— ha demostrado que muchos de dichos añadidos eran superfluos, a veces poco aconsejables y en ocasiones claramente tóxicos. Y había que cambiar para seguir vendiendo.

Ahora ha llegado el tiempo de vender productos que carecen de los elementos que se anunciaban hace poco como beneficiosos. Ahora muchos de los productos envasados se anuncian de forma sistemática y visible con la coletilla de SIN: “sin conservantes ni colorantes”, hay leches que se ofrecen “puras” y los zumos se publicitan como “sin azucares añadidos”. Los productos cosméticos se ofertan “sin parabenes“ u otras sustancias previamente añadidas. Y ello sin contar con los productos específicos —plenamente justificados— para intolerancias definidas: leches sin lactosa, panes y pastas sin gluten, edulcorantes sin aspartamo, etc.

Es evidente que los tiempos han cambiado. Ahora toca un mundo SIN predominante, que coexiste con restos del CON. Pero en este mundo sin, como previamente con el mundo con, hemos de estar muy vigilantes para que no nos den gato por liebre. O nos intoxiquen directamente.

Un comentario en “El valor de lo SIN

  1. Gracias por tratar de un tema muy actual y muy relevante para mi, ya que hace muy poco me he vuelto intolerante a la lactosa.
    Y bueno y este es el reto que yo te planteo, me gustaría que en tu blog volvieras a hacer mención al tema de las intolerancias y profundizarás en él, ya que las cifras se están disparándo y según las últimas estadísticas, hablan de un 30% de la población española que es intolerante a la lactosa en distinto grado.

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