Ciencia y posverdad

En esta tremenda situación de pandemia que nos está tocando vivir, hemos podido comprobar que los medios de comunicación, y en ocasiones la ciudadanía, han hecho numerosas llamadas para que las decisiones de las distintas administraciones sobre la pandemia se tomen basadas en los consejos de los científicos, a los que se les supone unos conocimientos sobre el problema basados en la investigación científica. Parecería que los españoles conociéramos la importancia de la ciencia, y fuéramos conscientes de la conveniencia de que los conocimientos científicos sean los que soporten las decisiones políticas sobre la salud.

Sin embargo, la realidad demuestra que nuestro conocimiento sobre la ciencia y los científicos no es precisamente amplio. Basten como prueba de ello dos muestras. Según la encuesta sobre «Percepción social de la ciencia» de 2018, realizada por un organismo oficial —la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación —, un 30% de los españoles cree que los dinosaurios coexistieron con los seres humanos, y un 25% afirma que el sol gira alrededor de la Tierra. Abundando en ello, según una encuesta de la Fundación BBVA, un 46% de los españoles fue incapaz de decir el nombre de un científico célebre.

Vivimos una época en que la que se observa un cierto desprecio por el conocimiento y una exaltación de la opinión, de tal manera que la mayoría de los ciudadanos dan igual valor a los dos conceptos. El conocimiento científico es generalmente ignorado, mientras que las opiniones circulan abundantemente por las redes, y son aceptadas por los ciudadanos, no en función de que se ajusten o no a la verdad —a lo conocido por la ciencia—, sino de que coincidan con lo que pensamos sobre un tema.

Lo que hemos dado en llamar posverdad es una mentira, que suele ser rápidamente aceptada porque confirma nuestro punto de vista. No es fácil aceptar la verdad, porque a veces es incomoda y nos exige cosas que la mentira considera innecesarias. Esto no es que sea nuevo. Siempre nos hemos inventado cosas que nos agradan, y hemos seleccionado de la realidad aquello que mejor se avenía a nuestros deseos o intereses. Pero en esta época en que hemos equiparado opinión a conocimiento, y dada la facilidad con que las redes sociales nos hacen llegar las opiniones, se ha facilitado el camino a aquellos que se dedican a fabricar noticias falsas, a las que dan un formato breve que facilita su rápida lectura, y que se adaptan perfectamente a nuestros deseos y creencias.

La abundancia de información y el fácil acceso a ella no siempre ha supuesto más conocimiento. Cualquiera de nosotros, si accede a internet buscando información, encontrará siempre alguna que ratifique sus creencias u opiniones. Pero eso no quiere decir que sea cierta, que sea verdadera, que responda a lo que la ciencia conoce en la actualidad sobre el tema.

La verdad no es fácil de adquirir, a veces cuesta conseguirla. Sin embargo, la mentira bien elaborada es algo asequible —circula permanentemente por las redes— y puede ser muy apetecible y fácil de creer. La elevación de la opinión sobre el conocimiento hace al individuo ignorante y, como tal, fácilmente manipulable por todo tipo de líderes populistas que venden soluciones fáciles a problemas complejos.

Es cierto que tener un amplio conocimiento no garantiza que las decisiones que tomemos sean las mas acertadas. Pero es evidente que sin ese conocimiento es mas fácil equivocarse. Además, hoy disponemos de una tecnología que nos permite acceder a todo tipo de información, y entre ella está la verdadera, basada en la ciencia, que aparece respaldada por instituciones —universidades, sociedades científicas, fundaciones, etc.—. Adquirir conocimiento, en el momento actual, depende sobre todo de nuestra voluntad de aprender.

La ciencia genera evidencias. Y el conocimiento está basado en las evidencias, no en las opiniones. Y la ignorancia del conocimiento y la exaltación de las opiniones son las que están permitiendo el triunfo de la posverdad.

6 comentarios en “Ciencia y posverdad

  1. JuanDepunto

    Asombrosos los datos que aportas de la FECYT y que desconocía. Con una población así ya no me extraña nada, incluida la volatilidad de opiniones, las diferencias entre encuestas y resultados de votaciones y lo que ahora se ven con la Covid.

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  2. Salvador

    Me parece interesante la clara distinción que estableces entre opinión y conocimiento. Todo el mundo tiene opinión pero muchos menos conocimiento de algo porque, saber de todo es casi imposible, por eso solo nos queda creer en la autoridad de los que lo tienen avalada por años de estudio.

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  3. Onifur Zuegnimod

    Magistral. Solo a un maestro, lúcido y sabio, le es posible analizar con tanto rigor esta controversia entre opinión y conocimiento, tan crucial para el pensamiento de hoy día.

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  4. Tienes mucha razón en cuanto dices. El aprecio y el respeto por la Ciencia y por el Conocimiento Científico no pasan por su mejor momento. Y no digamos la estima por la verdad. Resulta desolador el desparpajo con el que vemos frecuentemente a determinados líderes políticos y de opinión despacharse ante cualquier acontecimiento de la actualidad sin el más mínimo rigor conceptual.
    La posición ante la actual pandemia nos brinda cada día mil ejemplos de ello. Si ya los expertos nos ofrecen a veces opiniones desconcertantes, en parte motivadas porque aún desconocemos muchos aspectos del virus que nos devora, y en parte también porque la urgencia y la inmediatez de la situación que vivimos resultan incompatibles con el sosiego que requiere el asentamiento de los conocimientos científicos, no digamos el estupor que nos produce escuchar a ciertos responsables y opinadores varios que son capaces de proclamarse defensores de una cosa y la contraria al mismo tiempo y sin el menor rubor. Como nos recordaba el sabio, cuán atrevida es la ignorancia.
    Y esto, si nos referimos a personajes públicos más o menos conocidos y respetados. Porque, ¿qué decir de las opiniones que se vierten a borbotones en las distintas redes sociales?. Resulta lamentable comprobar cómo se llenan de juicios de valor sobre los hechos o actuaciones del acontecer diario, generalmente sin ningún rigor pero, eso sí, preñados de descalificativos e insultos. Cualquiera puede comprobar ante la publicación de una noticia o de una determinada opinión sobre la que se abre un abanico de comentarios, cómo el supuesto foro se convierte de inmediato en un verdadero barrizal.
    No, el respeto por la verdad no cotiza al alza. Importa poco. Se trata de repetir el mensaje que interesa una y mil veces y la creencia de que eso basta para hacerlo verosímil y creíble por muchos. ¿Será cierto?.

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  5. Anónimo

    Buen análisis Eulogio, el tema es interesante y de actualidad. La búsqueda consciente o no de la verdad se está perdiendo. Creo que el aprendizaje de los comportamientos a seguir en la familia, y colegio están fallando, y son necesarios e importantes. Como consecuencia en la sociedad se están perdiendo los valores imprescindibles para tomar decisiones y realizar comportamientos éticos en relación a la búsqueda de la verdad.

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