Infoxicación

Polygala myrthifolia

Si buscamos en el diccionario la palabra infoxicación no la encontraremos, pero seguro que ya saben de donde surge: de información e intoxicación.

Diariamente, y por todos los medios conocidos, nos llegan cientos —o miles— de informaciones, procedentes de numerosas fuentes. Producidas por el vecino del quinto o, supuestamente, por un premio Nobel, recibimos opiniones, sean expresión o no del conocimiento, basados en la realidad o no, y dotadas aparentemente con el mismo nivel de fiabilidad.

Sin embargo, como ya comentamos en un anterior articulo, no todas las opiniones son respetables. Las hay basadas en la realidad, en el conocimiento cierto de las cosas, en la ciencia, y las hay que tienen como única base la opinión de una persona que —con frecuencia— carece de ninguna base para decir lo que dice.

Dentro de los emisores de opiniones por las redes hay una especie que esta alcanzando un importante papel ante los crédulos ciudadanos. Son los denominados «influencers» personas que, sin encomendarse ni a dios ni al diablo, hablan sobre los temas mas dispares, siendo seguidos por centenares de miles de seguidores. Quieren emular a los comunicadores científicos, cuya solida formación los hace más fiables, pero que lamentablemente no gozan de tanta difusión en los medios.

Los bulos y mentiras que circulan han alcanzado tal nivel, que han tenido que surgir organismos y personas, cuya función es estudiar la base de las noticias que circulan y discernir si son verdad o mentira. Sirvan de ejemplo el portal «maldita.es» o la denominada «Gata de Schrödinger» que luchan por discernir lo verdadero de lo falso de lo que circula por las redes sociales. Incluso algunos programas de radio tienen secciones dedicadas a separar el grano de la paja, para así informar a sus escuchantes.

Contra esta plaga la única manera de luchar es aprender a discernir, desarrollar el pensamiento crítico. Y esta importante tarea debe comenzar en los colegios, dotando a los estudiantes de una cultura científica mínima, de una actitud critica que les impulse a contrastar la información y a detectar los mitos y timos seudocientíficos.

En un mundo de sobreinformación, la información verdadera tiene a quedar sepultada por ingentes cantidades de información falsa. Las redes están llenas de ruido, de interferencias que pervierten la comunicación. Y los humanos somos victimas del sesgo de confirmación, es decir, tenemos tendencia a creernos aquello que confirma nuestras ideas.

Contrarrestar la infoxicación que nos invade es difícil, pero no imposible. Si no podemos comprobar todo lo que nos llega, al menos si podemos evitar contribuir a su difusión. Reenviar o no una supuesta información sí depende de nosotros y es fácil. Basta con no darle al botón de reenviar.

Lathyrus clymenum

Un comentario en “Infoxicación

  1. Juan Dpunto

    Un aspecto a tener muy en cuenta en la infoxicación es lo que yo llamo «personalidad creyente». Son personas con fe (en una divinidad, una religión, en la humanidad, etc.) y son las que, de entrada y sin más evidencias que su fe, tienden a creerse lo que le presenten. Y lo grave es que a continuación lo difunden sin más. Si estas personas tienen un prestigio, ya tenemos la «evidencia de que lo dice fulanito» y se consolida y redifunde el bulo. Son las personas «diana» que buscan los difundidores de noticias falsas, con la seguridad de que serán ellas sus mensajeros más eficientes. Todos tenemos en nuestro entorno unas cuantas personas creyentes.

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