Paraisos fiscales

Carpenteria califórnica

Recientes escándalos financieros nos han recordado la existencia de enormes cantidades de dinero depositadas en ciertos países, depósitos secretos cuyos propietarios no se conocen y que, por tanto, no pagan impuestos en los países donde se ha generado esa riqueza. En otras ocasiones el dinero no está oculto, pero sus propietarios deciden tenerlo en esos países debido a que su carga impositiva es menor que la que tienen en los de origen.

Estos países han sido denominados paraísos fiscales y, como concepto, son denostados por los ciudadanos y criticados por los gobernantes de las democracias —las dictaduras nunca se quejan de su existencia—, debido a la falta de solidaridad que expresan. Su escasa o nula contribución a los gastos comunes de las sociedades avanzadas son vividos de forma negativa, postulándose su desaparición para progresar en el desarrollo democrático de las naciones.

La propia denominación —paraísos— hace pensar que estos países están situados en lugares exóticos, fuera del alcance de las normas y leyes que rigen en las democracias desarrolladas. Pero esto no es siempre así. Algunos de estos paraísos están muy cerca de nosotros. La admirada y respetada Suiza, el Gran Ducado de Luxemburgo o el Principado de Liechtenstein, son países normales y cercanos donde se oculta el dinero, con frecuencia producto del delito —trafico de drogas, corrupción, trata de blancas, etc.—. Y en los casos de origen legítimo de los fondos, estos depósitos siempre son intentos de eludir, en todo o en parte, el pago a los respectivos tesoros públicos de los impuestos que deberían devengar sus propietarios.

El mismo Reino Unido, que hasta hace poco formaba parte de la Unión Europea, tiene en su seno determinadas áreas donde la imposición es escasa o nula. Algunas zonas del territorio, como las Isla Jersey o la de Man —por no hablar de la atípica población de Gibraltar—, funcionan como paraísos fiscales, aunque forman parte del Reino Unido y, por tanto, sometidos a las leyes británicas

Es evidente que los gobiernos que controlan el mundo —el denominado G20—, no han tenido voluntad hasta ahora de acabar con los paraísos fiscales. Los poderes económicos no lo han permitido, ya que la existencia de estos paraísos garantiza la supervivencia de muchas grandes corporaciones y de enormes fortunas procedentes del poder económico o del político.Ha habido un primer acuerdo en el buen camino, con el establecimiento de un mínimo de un 15% en el impuesto de sociedades. Pero la tarea es ingente. Tenemos que seguir insistiendo en que los evasores dejen de ser anónimos, se conozcan todos los países que facilitan estos subterfugios y se dicten leyes que obliguen a todas las entidades financieras a facilitar la información sobre cuentas y titulares.

Un comentario en “Paraisos fiscales

  1. Juan Depunto

    Largo me lo fiais cuando la mitad (o más) de la población mundial de las democracias vota partidos de la derecha, siempre en contra de la fiscalidad, cuando no a favor de legalizar situaciones claramente ilegales (los pozos ilegales de Doñana, por ej.).

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